Bicentenario

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Ciudadano y Popular

martes, 13 de mayo de 2008

Para que todos se enamoren de la noche, desenamorándose del sol


(nunca faltes a una clases... te pierdes de lo mejor)

Corred, corred a la casa de Febo, alados corceles del sol. El látigo de Faetón os lance alocaso. Venga la dulce noche a tender sus espesas cortinas. Cirra sol tus penetrantes ojos, y deja que en el silencio venga amí mi Romeo, e invisible se lance en mis brazos.

El amor es ciego y ama la noche, y en la luz misteriosa cumplen sus citas los amantes. Ven, majestuosa noche, matrona humilde y negra túnica, y enséñame a perdeer en el blando juego, donde las vírgenes empeñan su castidad.
Cubre con tu manto la pura sangre que arde en mis mejillas.

Ven, noche; ven, Romeo, tú que eres mi día en medio de esta noche, tú que ante sus tinieblas pareces un copo de nieve sobre las negras alas del cuervo. Ven, tenebrosa noche, amiga de los amantes, y vuélveme a mi Romeo.

Y cuando muera, convierte tú cada trozo de su cuerpo en una estrella relumbrante, que sirva de adorno a tu manto, para que todos se enamoren de la noche, desenamorándose del sol.

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